Las emergencias médicas llegan sin previo aviso, y toman a cualquier persona por desprevenido. Ciertamente se debe conservar la calma y dar una atención inmediata al paciente, procurando dejar la situación preparada para la llegada del equipo de paramédicos. Sin embargo, en ocasiones la llegada de la ambulancia puede tardar un poco por diversos factores, por lo que es recomendable estabilizar al paciente lo mejor posible.

Lo primero que se debe hacer después de llamar a una ambulancia es observar los síntomas que presenta la persona, para informar al paramédico de la mejor manera en cuanto llegue. Esto es fundamental para establecer un diagnóstico y ofrecer los primeros auxilios de manera eficiente.  

En lo que llega la ayuda, se debe colocar al paciente en una posición lo más cómoda posible: sobre el piso, levemente inclinado. No acostado o sentado, a menos que se sospeche de una lesión que comprometa la cabeza, el cuello o la espalda.

Si es posible, se deben quitar los zapatos para que la circulación de la sangre sea óptima.